'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

19 de abril de 2014

No estamos perdiendo trenes; nos estamos equivocando de destino.

Hoy es uno de esos días, en los que me apetece escaparme. En los que me apetece montar en un tren, y olvidar todo lo que había visto antes. Pero quizás esta vez el problema no es mío, si no que el tren ya no sale, y cuando sale muchas veces descarrila, volviendo al principio. El problema esta vez, no es que yo esté demasiado romántica como para escribir que quiero escapar, si no tuyo, que nunca te decides a salir, que nunca has viajado lo suficiente, y que siempre prefieres quedarte en la estación observando como salen los demás. O quizás la culpa es mía, porque todo tren necesita pasajeros a los que llevar y yo nunca te he dejado suficientemente claro que quiero montar. Pero, que sé yo. Ellos tienen su destino, y tienen que acabar en él.
Y tú, que dejaste de ser un tren cualquiera para empezar a convertirte en mi escapatoria, ahora ya, empiezas a formar parte de la misma rutina, ya no eres el que me hacia huir de todo esto, ni tampoco eres la persona que hace que esa rutina merezca la pena. Ahora, eres uno más de los que hace que todo sea más difícil por aquí, quizás ya no me gusta tanto escaparme contigo.

A veces no dejo de pensar en esos trenes, que tienen más pasajeros, pero que tampoco salen, porque no reciben al que quieren, quizás, ese me está esperando a mí, quizás, ese es el tren que de verdad yo quiero coger. Y quizás, el que estoy cogiendo, no va a ningún  sitio, porque no me necesita a mí.
Quién no se ha equivocado alguna vez de destino, o ha adelantado su billete, y lo ha acabado perdiendo. Y yo ahora, me estoy equivocando, como lo hice contigo (desde el principio).
Hay otros, que llevan a lugares más bonitos, pero el que yo necesito, no me lleva a un sitio bonito, ni con mucha gente, pero está lejos, lejos de las estaciones en las que la gente pierde sus trenes, o se quedan esperando. El que yo quiero coger lleva a una estación, en la que todos salen, porque las personas aciertan cogiéndolos.
También podría dejar de hacer símiles con trenes (creyéndome poeta, o yo que sé) y decirte a la cara que tú no eres lo que necesito, que lo que realmente quiero, lo estoy viendo escapar -por ti-. Que los trenes, no se asemejan a nada a lo que yo siento, porque, antes o después salen, y tú llevas meses sin moverte en la estación, esperando a que yo me monte, o te empuje.
Y a veces yo me canso de empujar.
Y a veces, tu decides arrancar, pero yo ya no quiero irme.
Porque quizás, la persona que estoy viendo que se escapa, empujaba conmigo (empujábamos juntos, por lo mismo, acabando en lo mismo).
Mientras que tú, te dejas tirar,
y a veces, ni si quiera dejas que yo te empuje.

Supongo que contigo los precipicios ni si quiera me dan tanto miedo, porque no veo tan triste nuestros finales.
Supongo que no se me encoge el corazón cuando veo tus llamadas.
Y supongo, que querer no es lo mío. 
Quizás el problema es tuyo, por no haberte intentado acostumbrar a mí,
O quizás es mío, por no haberme intentado acostumbrar a ti.

El caso, es que unos se acostumbran más que otros, y en esta ocasión, yo soy el tren que no sale otra vez.
Y qué puedo decir, si yo estoy esperando a acostumbrarnos, cuando de repente llega alguien, y me dice que no hace falta, que eso es un rollo inventado, que si quieres a alguien no hace falta acostumbrarte.
Que a veces no es suficiente con reírte un poco,
ni si quiera con unos cuantos polvos mal echados.
Solo estoy diciendo, como dije al principio, que hoy es uno de esos días en los que quiero escapar; y que el tren no sale, y cuando sale, descarrila.
Y mientras mi tren descarrila, hay otro que está dirigiéndose hacia donde yo quiero.

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