'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

7 de mayo de 2014

Viajar en un sofá o en un café.

Deslizaba sus dedos por mis piernas, subiendo hacia mi espalda. Y lo mejor era que no tenía intención de excitarme, si no de hacerme sentir cómoda, cercana. De cuántas personas hoy en día se puede hablar que hagan eso. Que simplemente te abracen porque les apetece hacerlo, que te miren reír y lo hagan contigo, que te bese las imperfecciones (sabiendo que lo son) y que les dé igual.

No me veía perfecta, y eso me gustaba. Conoce mis miles de defectos, los detestaba, pero lo bonito era que las virtudes siempre le contrarrestaron la balanza.
Quién no se enamora de alguien que llora al verte hacerlo tú.
O de quien seguía siendo tímido contigo por el miedo al fracaso.
Te enamoras cuando propone planes a largo plazo, cuando le gustas sin maquillar, cuando te llama borracho, o incluso cuando estás recien levantada y le gusta acariciarte la cara. Más aún cuando le gusta terminar de ver las películas, cuando prefiere el sofá con mantas a la cama con sábanas.
Tomas tu café, está caliente y lo disfrutas. Tienes un segundo y medio para pensar, y esa sensación de paz te recuerda a él.
(Mierda.
Estoy perdida.)
Y un día él pierde la cabeza en tu cintura -que ya no acaricia- y la deja de perder en tu pelo.

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