'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

2 de noviembre de 2014

(no soy una musa expirada todavía)

Las cuatro palabras más absurdas, y que más daño podrían causarme:
"Voy a por tabaco."
5 minutos pensándote como nunca antes.
Pensándote como si no hubiese nada más.

«No existe infelicidad,
no existe felicidad,
ni hambre,
ni sed,
ni familia,
ni amigos.
Solo estás tú. En mi mente solo estás tú.
Y esta oscura ciudad encerrada en mi caos.»

Te estabas yendo. Ibas a volver. Como los ríos metafísicos. Nunca paran.

Siempre en movimiento.

Siempre quise alguien con quien compartir mi desorden. Eres tú y yo casi he sido.
Íbamos,
veníamos,
nunca estábamos.
Bebíamos (joder, bebíamos mucho...)
Contábamos estrellas (en realidad follábamos debajo de ellas).
París, Madrid, Londres, Amsterdam. En la misma noche. En la misma cama (qué cojones cama).
Y no podía más.
No podía cuidarte,
no podía cuidarme,
nadie puede cuidarnos, retenernos, atraparnos...

Te estabas yendo. Solo pensaba en ti. En las noches por París (desde tu habita), en las ostias (¿he dicho ya que bebíamos demasiado?). En estar siempre en movimiento. Pero ahora yo estaba parada.

Espero que vuelvas. 


"— Eh, ya está. ¿Quieres un cigarro?"

(Volviste. Y me terminé de enamorar.)

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