'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

10 de diciembre de 2015

!

Entonces lo veía, todos subíamos unas escaleras interminables que parecían llevarnos a nuestro fin. Los pasos sincronizados, sin mediar palabra, sin ver Sol, sin sentir nada. Sólo subiendo.
Tenía la sensación de haber estado allí antes, de haber visto mi final en esas mismas escaleras que curiosamente, eran infinitas...
Los demonios recorrían nuestras mentes y los fantasmas rondaban nuestras ánimas. Ambiente lúgubre.
¿A dónde íbamos? ¿Por qué nadie hablaba? 
Entonces las infinitas escaleras terminaron.
Pasillo largo, casi interminable.
Avanzamos.
Y casualmente despierto.
No era nada más y nada menos que mi pesadilla diaria.

(felicidades a los que no sois capaces de entenderlo...)

2 de noviembre de 2015

No hay.

No hay futuro.
No lo hay porque el futuro éramos nosotros.
El gato,
la casa de madera,
la calefacción,
la estantería,
"El próximo verano nos vamos a Edimburgo"
íbamos a ir a Grecia, a Roma
¡Joder, teníamos que visitar Asia!
Teníamos encajadas a la perfección toda nuestra vida y ahora
qué
No hay futuro
No hay futuro porque me niego a que sea el típico de ama de casa con dos hijos,
que odia a sus hijos,
a su marido empresario
y a su puto trabajo.
Me niego a un futuro sin revolución
y tú y yo éramos la revolución perfecta.
No hay futuro
porque no considero futuro a vivir en una casa
en la que no hay poesía y amor
por todas partes
ni discos de jazz,
ni fotos de Edimburgo.
No hay futuro porque prefiero que no lo haya;
porque es imposible llamar futuro a algo en lo que no éstas tú.
Me la suda que fuesen planes llenos de humo,
era un humo muy real.
Y si no hay gato,
poesía, jazz,
caricias, trabajo horrendo,
Edimburgo, series,
Johnny Cash, Zafón,
gofres y camas desechas
No es futuro.

(El presente está ya muy cerca, ya no hay presente)

14 de octubre de 2015

Noche contigo pero sin mí

Hemos bebido cerveza y café
hemos hecho nuestros el sofá y la cama,
haciendo que, como siempre,
el techo se abra y nos deje ver las estrellas
que en realidad no existen.
Hemos hablado de mil mierdas
intrascendentales
y no nos hemos dicho nada
mirándonos a los ojos.
Así que yo ya no sé.
Me he vuelto loca al saber que compartíamos cama
pero no almohada.
Había un enorme espacio entre nosotros.
Sé dormir sin ti pero casi que mejor contigo.
Apuré las pastillas y un sueño largo
en el cual yo tenía valor
y tú ganas de quererme.
Pero luego me he despertado y,
como siempre,
te he rogado mil veces que no te fueras.
Pero fue tan inútil como rezar todas las ncohes,
estaba pidiendo que se quedara
a alguien que llevaba tiempo
yéndose.

Rendición

Voy a empezar por el final: Las cosas se acaban.
¿A los ojos de quién? Nada que conserva un sentimiento está muerto, así que tú y yo estamos jodidamente vivos.
Somos una puta yincana de emociones. Eso es una mierda.
Quizás esté totalmente equivocada y sí que estamos hechos el uno para el otro, tal vez en otra vida.
Hoy me odias y ayer me querías. Ayer te odiaba, pero todos los demás días te quise. Ni para eso nos ponemos de acuerdo.

7 de octubre de 2015

No queréis amar intensamente

— No querrás quererme — le dije con tono firme.
— ¿Por qué? Te conozco de hace meses y tengo muy claro lo que quiero contigo.
Quizás debería de haberle advertido acerca de mi histeria, de mis múltiples salidas de carretera en la curva más difícil...
No sé, decía que me quería igual, pero como pasa con todo lo poco bueno, no duró mucho.
No estuviste ahí cuando rompía vasos con tu nombre, mucho menos cuando me emborrachaba pensando en ti, cuando gritaba tu nombre en baños ajenos agarrada a cuerpos que no eran el tuyo... No nos engañemos, no quisiste estar, joder.
Todos buscáis una tía loca hasta que la encontráis.
No aparecéis cuando buscamos en el amanecer vuestro nombre, cuando perdemos la compostura y escribimos hasta desangrarnos.

No
queréis
amar
intensamente.

No nos busquéis, joder, porque nos vais a encontrar bebiendo cerveza y fumando en cualquier acera en frente de garitos de mala muerte. Nos encontraréis para darnos ese amor de una noche, en la que nosotras nos enamoraremos.
Nos gusta todo lo que os mola para un rato; el sexo duro y el rock and roll, las cartas a manos y las pastis antes del chupito.
¿Quién no se cansa del desenfreno? Sólo los que vivimos en él podemos aguantar esta desidia constante.
Pero qué fácil enamorarse por un rato de la chica poesía que revoluciona tu vida unos meses.
Podéis iros, lo hacen todos.
Las locas como yo estamos acostumbradas a las pérdidas. Estaremos unos meses dejando el puto suelo lleno de colillas, de hachís por todas partes y mucha tristeza. Luego volveremos a la acera de en frente de ese garito a ponernos perdidas de vino y gritaremos vuestro nombre a cualquier desconocido, en cualquier baño.

La cama de debajo de nuestra ventana.



Toda mi casa tiene sabor a ti, partes donde te has quitado la ropa y otras donde te has desnudado.
Pero, debajo de mi ventana hacías ambas cosas cada noche.
No nos hacía falta ver las estrellas ni un bonito paisaje, servía el tendedero de mi vecino y los edificios viejos para pasarnos las horas sentados como dos gatos viendo correr la noche, fumando, hablándome de ti, hablando de nosotros, escuchándote hablar como si cada palabra fuese una nueva profecía.
"Los humanos vamos hacia atrás" decías mientras sujetabas el cenicero.
Nunca pensamos igual, ni mucho menos, pero verte tan desnudo me embobaba.
Como si el resto del mundo no existiese, hacíamos nuestra aquella habitación solo con palabras.
Tu mundo interior, lo llamé. Nunca entró en mis cuatro paredes, pero sí me caló hondo.
Había ceniza, comida basura, vasos de café, un colchón en el suelo, ropa interior y alma por todas partes.
No somos poetas, pero nos lo sentíamos un poco. 
A veces callabas y decías incluso más.
Había tanto de ti debajo de esa ventana que todavía queda algo.

24 horas

Tengo mucho frío. No nos vamos a engañar, estos 5ºC externos no acompañan, pero mi frío es diferente.
Mi frío coge desde el corazón hasta el alma.

Es de esperar,
de esperarte,
de desesperar,
de desesperarme.


Y es que ya van 24 jodidas horas deseando que te plantes en mi portal, tal y como prometiste, con el depósito lleno y un mapa por el cual no sabré guiarte.
¿Dónde estás? Nosotros nunca faltamos a nuestra palabra y en tan sólo 24 horas ya van dos veces.
"Prométeme que pase lo que pase siempre intentaremos arreglarlo."
No te veo haciéndolo. Y yo no me veo con fuerzas.
¿Dónde estamos, cariño? ¿Ya no soñamos con tirar millas juntos? No quiero carretera si es sin ti.

Nos estamos engañando.

No existe la vida si estamos separados. No hay otro "él" que no seas tú.
Somos un puto "Ni contigo ni sin ti" y yo prefiero un casi contigo a un todo sintigo. Soy imbécil, ya lo sé, me lo decías a menudo.
Tengo más preguntas que respuestas y se me están grabando a fuego.
¿De verdad hemos cambiado?
Qué putada, de ser así. Podríamos acostumbrarnos a nuestros nuevos yoes. Antes eso que serlo por separado. Aunque quizás no quieras, tú y tu puta posición inamovible.
No sé si recuerdas esos tiempos en los que nos complementábamos tanto, eran la hostia. ¿Estarán con nuestros antiguos yoes? Porque quiero que vuelvan, como tú, podrías volver para quedarte. Podría volver la persona que eras, quizás así volvería la mía.
Igual sí están, pero muy al fondo, tapados por el odio y el rencor de tantas discusiones.
Podría proponerte tiempo, pero éste vuela. Y no quiero que tú también lo hagas.
Te espero en el portal, no vuelvas si no es para quedarte.

3 de septiembre de 2015

Piernas temblando

Nunca he creído que tenga unas piernas de escándalo,
pero ahora desde luego,
están escandalizadas.
Ya nadie toca maravillosas sinfonías en ellas,
ni las besan de arriba a abajo.
No las recuerdan lo bellas y largas que son.
Joder, esto ha sido un amor a mano armada;
Armada de caricias,
de cosquillas
de ganas de acariciarme el pelo.
Y después de estas armas que no parabas de utilizar
mis piernas y yo estamos jodidamente escandalizadas
mi cuerpo muy asustado ante la amenaza de sentir a alguien que no seas tú
todo mi sistema inmunológico por los suelos
mi mente aún ebria de las cervezas
y mi corazón se ha quedado con el atracador (y no sólo porque éste llevaba un arma).

16 de agosto de 2015

No es invierno, pero verano tampoco.

Ya no hay tardes de cervezas y rock and roll al Sol
Tampoco días de 5º grados fuera y mil dentro — de nosotros —.
Ni noches de verano borrachos y locos, tumbados en los bancos.
Mucho menos noches de invierno con mantas y películas anime.
Por haber, ya no hay nada.
Tardes monótonas, sin música,
sin calor, sin frío
sin nosotros, los de antes.
No queda más que desgana,
cansancio
y falta de cojones.
Los sueños de los enamorados se han ido con
el amor y las ganas.
No recibo cartas, ni mucho menos flores.
Sólo caras largas y eso,
falta de cojones.
Estamos en plena carrera:
¡A ver quién muere antes de desamor!

11 de agosto de 2015

Habitación 76. ¿California?

Habitación 76 de un motel de mala muerte. 
Nos daba igual, tenía cama, ducha y minibar. Tocadiscos y una luz de neón que hacía que fuese aún más cutre. Nos gustaba, estábamos nosotros. Canciones que definíamos como "nuestras" y una cama con los muelles a punto de salir volando del colchón. Lamparita con lava que sube y baja. Tu whisky y mi vino. Mi comida dulce y tu comida salada. Mi ropa interior tan de mala muerte como el motel y tus calzoncillos bordados, yo que sé, en seda. Las sábanas con tacto raso que a tu lado me parecían putas nubes. El sexo dados de la mano y el sexo usando las manos de maneras menos correctas políticamente. Tú ayudándome a vomitar después de haber terminado la puta botella, como siempre. Tú borracho y melancólico. Paquete de Marlboro y paquete de Winston haciéndose compañía (no sé para qué llevo mi paquete si sólo fumo del tuyo). Pantalones vaqueros con cinto y leggins negros. Camisas de cuadros y jerséis grises. Todo en el suelo. Muchísimo humo. Mecheros sin gas. Olor a látex y sobre todo a amor (también a sexo, alcohol y tabaco). 
Vamos a ducharnos, escojo yo la música:
Venga va, te robo a un mítico, ponemos Johnny Cash ¿O nos ponemos románticos y escuchamos jazz? Venga va, La viè en rose, Louis Armstrong. Me apetece jugar un poco, pon Extremo.
O Seven nation army.
O Rape me.
O ponme otro vaso de vino.
O ponme en la cama y ciérrame los ojos, que estoy demasiado borracha y tú demasiado melancólico...

Vaya locura sería irnos a un motel de mala muerte, podría pasar todo lo que yo quiero que pase, imagínate...

31 de julio de 2015

Cráteres

El hombre de mi vida tiene grietas,
dos son perfectamente circulares y
se posan en sus mejillas cuando hago algo estúpido.
Tiene un precioso pelo negro
y unos ojos que,
simplemente,
cambian la vida a cualquiera.
También es bastante imbécil (menos mal)
como para no tratarme de dama.
Tiene unas manos grandes y
maravillosamente descuidadas.
Un montón de venas, más marcadas
que las de cualquier otro mortal
por las que,
no nos engañemos;
más que amor o sangre, corre odio.
No baila. Bebe whisky y lee a Lovecraft.
NO ES JODIDAMENTE ADORABLE
a vuestros ojos de humanos.
Pero fuma, escribe,
y, a veces, tiene buen humor.
Me hace reír, incluso pone mi música en su coche.
Es bastante escéptico y jodidamente cabezota.
¿Qué cuándo le vi por primera vez..?
Un sábado, en mi bar favorito
y con su borrachera favorita.
No, no me despierta con café y rosas,
pero me despide con comida basura
y buen sexo.
Me presta libros, ropa
y un trocito de su vida (convirtiéndola en nuestra).
El hombre de mi vida,
se desquicia cuando hablo sin pensar,
y cuando hablo mucho, en general.
Sigue fiándose de mí (a veces)
cuando le guío en alguna carretera,
y me prometió venir a buscarme
con el depósito lleno —cuando nos lo permita la vida—
No sé cómo cojones es el hombre de vuestra vida,
el mío, moreno, guapo
y con enormes ganas de hacerme cosquillas
cuando lloro.

9 de julio de 2015

Depresión post-tú

Tengo suerte
porque sólo yo te conozco
de la manera en la que
se conoce a tu amante más fiel.

Y es que yo veo cuando
tus mejillas se agujerean
dejando paso a un fatal arma
de seducción:
tu sonrisa.

Entonces yo no puedo parar de reír
y tú olvidas todo lo malo:
El alrededor, las discusiones, los problemas.
Y como si, no sé, de repente sólo existiesen tus manos
mi mayor batalla por librar consiste en
huir de tus cosquillas.

Pero cuando esto acaba
nos esperan otras mil cosas buenas:
los besos, los abrazos, las caricias, los buenos días.
Incluso alguna gota de sudor que
¡aleluya! no es causada por los grados centígrados (de la calle).

Y todo esto, como decía Salem,
te juro que no se puede escribir en un poema,
pero supongo, es la manera más cercana
de volver a sentir todo esto cuando no estás.

Pero seguiremos —seguiré— librando batallas contra las cosquillas,
poniendo caras estúpidas,
diciendo palabras estúpidas,
y olvidando nuestra edad y tiempo cuando estamos juntos,
porque así somos.
Juntos, somos, todo lo bueno.

20 de junio de 2015

13/05/2015

Los estúpidos nos considerarán jóvenes y muy poco enamorados. Por eso son estúpidos.
Considerarán tempranas las conversaciones sobre futuro y más aún las conversaciones sobre el cementerio.
Y eso es lo que nos diferencia de la mayoría; no somos estúpidos. Sabemos querernos. Sabemos hablar del futuro porque, está a la vuelta de la esquina. Hablamos de tumbas conjuntas porque queremos y sentimos más que cualquier otro ser que se crea enamorado.
Me da igual prejuzgar o infravalorar los amores de los demás; yo te quiero más que cualquiera de ellos a cualquiera de ellos.


Fielmente tuya - y aún así muy feminista -.
Yo

17 de mayo de 2015

Domingo con tono a California Dreamin'

Cuando las uñas esperan la piel
como las sábanas al amor,
los pijamas de cuadros de los domingos,
a los pies desnudos por el suelo marcando un par de pasos
arrítmicos.

En el coche sonando las canciones más míticas de la historia del rock
y unas cuantas notas mal entonadas por nosotros,
destrozando los oídos de cualquier entendido musical.

El sol traspasándonos la piel y haciendo que brillen
aún más las sonrisas,
los cigarros acompañando la música que poníamos de fondo,
el verano recordándonos que a veces
los inviernos son sólo internos.

La comida basura y un chorrito de alcohol en esa coca-cola
como reclamo a nuestros pocos años vividos,
e insistiendo en que aún somos demasiado jóvenes.

Los tragos de cerveza robados a la puerta de algún bar en el que
el alcohol es demasiado barato
como para preocuparnos de lo malo que es.

La luna recomendándonos que nos volvamos lobos cada noche
y las estrellas indicando los caminos ideales por donde escaparse.

Jodiendo los amortiguadores del coche y su puta tapicería
para demostrarnos a nosotros mismos que nos queremos más
que a todo lo material.

Las botellas de agua siempre a mano por si,
quizás, nos da por arrancarnos la ropa
en cualquier sitio poco discreto y acabamos exhaustos.

Olvidando a todas las personas pasadas de nuestra antigua vida,
como quien habla de una mala enfermedad de la que
apenas tienes un vago recuerdo.

Alguna que otra frase no muy deseada susurrada en mis oídos:
"A ver cuando empiezas a escuchar rock de verdad."

Incluso discusiones en las que perdíamos la fe de querernos
pero por eso mismo sé que vivimos
algo más que un romance de jóvenes,
porque perdemos la fe de querernos cada semana
pero nos empeñamos en buscarla (con resultado) cada día.

6 de mayo de 2015

Hueles como el hogar.

Te quiero.
Soy vulgar y banal; ya lo sé.
Pero tengo miedo de que no me creas,
de que huyas de este desastre recompuesto,
que cada día se reafirma
en que te quiere.

Te quiero.
Incluso a tu parte mala,
a los gritos y a las malas contestaciones,
a los miedos.
Incluso a tu parte a la que no le gusto,
al odio y las contradicciones,
a los momentos tristes.

Pero por lo que más te quiero,
es por las risas, el café,
las mantas, el tabaco,
las conversaciones triviales,
las conversaciones trascendentales,
por el gotelé, por la comida,
por el sexo apresurado y por el duro,
por los viajes,
por los planes,
por la vida contigo
y el miedo a la vida
sin ti.


Por el olor a hogar,
por los mordiscos en el moflete,
por las cosas nuevas
y sobre todo
por las cosas conjuntas.

Te quiero.
Y por eso quiero que lo sepa todo el mundo;
porque la felicidad es para compartirla
— en su justa medida, tú eres para mí. 


Y por si dudas...

Te quiero más que a estas palabras mal escritas.

Sin remite.

Entonces lo vi, en el buzón ya no estaba tu nombre y los cajones de casa ahora apenas tenían mi ropa interior (alguna que otra cosa sin estrenar) y un montón de cartas tristes que estaba a punto de dejarte en la mesita cuando yo no estuviera. Pero no cartas tristes de despedida, sino sobre todo lo que me dolía quererte cuando no estabas. Por casa ahora sólo suena un poco de indie triste y ya nada de rock duro que utilizábamos para escaparnos del mundo cuando ya no podíamos más. Las sábanas, joder, las sábanas, seguían oliendo a ti desde kilómetros. No sé cómo decirlo, la gente decía que no olía a nada, que la casa tenía el mismo aroma de siempre, a café (mal hecho, ya sabes, nunca fue mi punto fuerte), pero yo lo notaba. Llegaba y solo había un poco de soledad, indie triste, y tu olor en las sábanas. Un montón de estanterías desordenadas, que apresuradamente habías recogido para marcharte antes de que yo llegara. No podría explicarte cómo me sentí en ese momento, pero no fue bien. Me quitaste la vida en ese suspiro:
— ¿Las cosas están bien?
Y no respondiste. Simplemente ese corto suspiro que a mí me duro como 3 inviernos, con amargo sabor a melancolía, a "me gustaría decirte que sí, porque te quiero, pero... No"
Me gustaba escribir las cartas sin remite, porque tu dirección era la misma que la mía, y con tan sólo dejarlo en tu mesita, en tu lado de la cama, o quizás, justo en la estantería al lado del queso, la encontrarías al minuto. No me hacía falta llamarte, ni sorprenderte en el portal, porque era el mismo. Pero joder, las cosas estaban cambiando, y notaba que tu mirada de "Sólo te quiero a ti" estaba cambiando por "Te quiero, pero también me respeto, así que me voy."
Y me negué a aceptarlo durante todas esas semanas en las que me gritabas y me avisabas: "Se va a acabar, me voy a ir." Y yo, como buena niña que soy, no barajaba entre mis opciones el discutirlo, sino el callarte a besos y terminar en la cama, con esas listas de rock que tanto te gustan, para que no volvieses a decirlo.
Pero, no podía controlar lo que pasaba por tu cabeza cuando tenías la boca vacía de mí, de sueños. Así que seguías decidiendo que te ibas a ir, mientras yo seguía escribiendo cartas, y más cartas, que acumulaba en el cajón, al lado de la ropa interior sin estrenar.
Te juro que todavía pienso que es una broma y mañana cuando me despierte voy a ver tu nombre en el buzón, los vinilos por el suelo, la casa hecha un puto desastre, el aroma a sexo, a whisky, a plástico, a rock, a desorden, a café bien hecho y a amor. Tu olor por toda la casa y no sólo en las sábanas. Voy a tener puesta tu camiseta, mis bragas favoritas y todo esto mientras llueve fuera.
Pero no es así, te has ido del todo, no lo asumo del todo; voy a comprar vinilos, a empezar a escuchar esa música que no me gustaba, me voy a comprar un coche, voy a comer comida basura, y voy a imaginarme todo como si estuvieras aquí. También voy a comprar calzoncillos como los que a ti te gustan, y los voy a dejar todas las mañanas tirados alrededor de la ducha, para creer que aún estás, pero desgraciadamente, voy a tumbarme en el sofá a leer o quizás a no hacer nada, y no te voy a tener dándome el puto coñazo con tus dudas sobre qué ver esa noche.

27 de abril de 2015

Día 1.

Nos quejamos del domingo. No tenemos ni puta idea.
Los domingos son finales, románticos, suicidas, tristes, melancólicos...
Lo único malo del domingo es que precede al lunes.
Sí, lunes. Cuando empieza lo que no te gusta; joder, prefiero los finales que dan tiempo a saborear la esencia a los principios que se hacen cuesta arriba.
Lunes. Principio triste, frío.
Como el principio a la vida sin ti.

Joder, me hubiese quedado en un domingo eterno por no tener que verte ir —un lunes—.

Sobrevivir sin ti desde el primer día de la semana:

    Día 1. — Lunes.
No quiero semana sin ti. Ni vida. Búscame.

   Día 2. — Martes.
Me voy a buscarte a ti o a perderme yo.

7 de marzo de 2015

Hay veranos de febrero.

Rondaba el año 1970. El ambiente poco cálido por las ciudades y cada vez menos por los pueblos.
Las relaciones se enfriaban, los trabajos se alargaban, la represión no acababa y el amor pasaba a los segundos planos de los ciudadanos. Hasta entonces.
Se conocieron como quien conoce por primera vez el verano; maravillándose por su encuentro. Deseando que los días pasasen para saberse más, pero lentos. Alargándose la puesta de Sol, e incluso algunos días, deseaban que se alargase el amanecer, que las noches no fueran finitas, que el calor que no sólo los días de verano producían, se mantuviese entre ellos y sus calles más frecuentadas de Madrid.
Eran sus calles, sus bares, sus moteles. Sus puentes donde jugaban a morir juntos, aterrorizados con la idea de hacerlo por separado.
Pero no era verano, no era Nueva York y muchísimo menos eran libres. No eran maravillosos ciudadanos sin cargas ni responsabilidades.
Los encuentros pasaron a ser de noche, en puentes, sin bares, sin calles transitadas, sin ganas y con cansancio. Los encuentros pasaron a no ser. Pasaron a escribirse semanalmente y bonito, en prosa pura y bonita.
Los escritos pasaron a no ser semanalmente y apenas bonitos. Los escritos pasaron a no ser. El verano — que realmente no lo era — dio paso, como todos, a el otoño. No al neoyorquino, no al de París, ni muchísimo menos a un otoño veneciano. A un otoño frívolo y doloroso.
Trabajar, trabajar, pagar, fantasear con vivir, extrañar el verano.
El verano en el que una sonrisa les alegraba las noches, les iluminaba los días y les despertaba la mañanas... El verano tan efímero como un fin de semana, que en su cabeza fueron años, y juraban conocerse como si realmente hubiesen pasado. Y así era.
Pero cómo no iba a llegar de nuevo el verano... Cómo iban a pasar su vida separados, cómo no iban a guardar las cartas que generaron el soplo de aire fresco de tantos infernales días, cómo no iban a llorar cada vez que pasaban por sus bares, sus calles, sus moteles.
Intelectuales de la época aseguraban que no eran años de bonanza, no veían ni un mísero descanso quizá económico o incluso social.
Y probablemente ellos tampoco lo veían hasta que se reencontraron; porque el asesino, dicen, que siempre vuelve al lugar del crimen. No sólo se produjo un asesinato, si no, un completo robo de la razón. Conocerse les llevó a la locura, pero desconocerse les llevó a la pérdida de la razón de ser. Eran seres que si no eran juntos, no eran. Vaya qué si no eran. Por eso se reencontraron sin causa, por eso una armonía preestablecida los reencontró. Madrid y yo, fiel narradora, lo sabemos.
Necesitaban sus trabajos y sus casas. Pero no eran satisfactorios. No eran hogares. Hasta que se dieron cuenta de que su hogar, no era una casa, no era un sofá, eran sus calles de Madrid, sus moteles... Su calor veraniego en febrero.

Auto-proclamación de musa.

las musas antiguamente seguían cánones de belleza, eran educadas y modestas
ahora nos sabemos guapas, descaradas y muy mal peinadas. envalentonadas, caprichosas y desde luego melancólicas. Fumadoras, revolucionarias y muy propias del Hades
las musas ahora escribimos mal y lo sabemos. escuchamos Russian red y nos cagamos en Dios los días de Sol.
llorar lo hacemos como todo, mal. y como todo lo que hacemos mal, lo hacemos mucho.

Las musas somos incondicionalmente fieles a nuestro desorden, al arte y a nuestra puta cama.

22 de febrero de 2015

Cuando París se fundió para nosotros.

Luces tenues, menos que mi alma, alumbraban París la noche que se apagó, la noche en la que para mí, se fundieron la Luna y las estrellas para siempre.
Juro que no llovía, pero también juro que llegué empapado. Había tantos sitios por los que podía sangrar; mis ojos, mi alma, mi corazón... Pero no era yo quien me mojaba. Eras tú.
Tantas veces afirmé que eras parte de mí, que llegaste a serlo. Por eso mi alma se empapa sin ti. Por eso veo las luces apagadas donde, está brillando la Torre Eiffel.
La Rue de Rennes no estaba siendo transitada aquella noche, solo tú y yo bailábamos bajo la lluvia que no caía.
Estoy seguro de que París nos envidiaba, a pesar de apagarse aquella noche y de llover sólo para nosotros.
Locos, tristes y melancólicos — porque las malas costumbres tampoco cambian — bailábamos bajo la no-Luna.
Un vals sin música y sin acompañante, sólo nosotros podíamos hacerlo. Éste se había convertido en cosa de uno a ojos de la poca gente que transitaba nuestra calle, porque yo, a pesar de no bailar solo, no lo hacía contigo, si no con tu alma (y por suerte, nadie más era capaz de verla).
Como cada noche desde que no estás. 
Como cada noche en la que, París, se funde para mí.

5 de febrero de 2015

Vamos a tirarlo todo por la borda...

Mira que he visto desordenes bonitos,
pero ninguno más que el que se forma cuando,
a prisas y sin pensar,
tiramos la ropa por el suelo.

He podido basar mi vida en las canciones
más bonitas de rock,
pero ahora a veces suena de fondo Louis Armstrong,
y es maravilloso un poco de calma
cuando nos estamos acelerando.

He salido a observarlo todo,
a oír el mar,
la lluvia
los truenos de las tormentas de verano.
Pero ahora, desde mi propia cama,
tengo la novena sinfonía de Vivaldi cuando estás a punto de correrte,
Y cuando suspiras a media noche.

También he visto las mayores catástrofes naturales;
levantarte, vestirte e irte de mi cama.
Pero he tenido tus manos acariciando mi piel,
tus labios en mi ombligo — y más abajo —
y tus piernas entre las mías.
He tenido besos (y lo que no son besos) espaciales
contigo.
Y los llamo así
porque nunca antes
viajé tan lejos
sin salir de la habitación.

2 de febrero de 2015

Tienes 7 años...

— ¿Hija, quieres que me separe de tu padre?

— No lo sé, mamá. A ti te empuja y te hace llorar. Te veo triste. Pero a mí me cuida, me da besos en la frente y cada noche me arropa. Y no entiendo porque a ti no puede hacerte eso. ¿Tú le quieres, mamá? Yo le quiero. Igual tú no tanto y por eso no te arropa ni te da besos en la frente. Yo conmigo le veo reírse, mami. Pero contigo... No sé. Yo contigo no le veo como conmigo. Estaba en el suelo, mamá. ¿Te lo conté? En la cocina. No se levantaba y parecía que no me oía. Creí que se había ido con el abuelo, pero estaba durmiendo. Era un sueño diferente. Olía como esas cosas que no me dejas beber y tenía un paquete de cigarrillos en el bolsillo. Pensé que ya no fumaba. A ti te dijo que ya no fumaba. No me dijo nada, mamá. Y yo creo que era porque sabía que estabas cerca. Estáis tristes. Él no te cuida como a mí, pero tú le gritas y haces que beba esas cosas que no dejas que yo beba. Y taté no me decía nada. Pero nada, mami. Sólo me dio un abrazo y me dijo que no pasaba nada. ¿Por qué iba a pasar algo? Papá sólo dormía. Seguro que lo que pasaba era que no quería volver a empujarte o romper más vasos y decidió dormir. Donde fuese, en el suelo de la cocina, por ejemplo. No sé como no le viste. ¿No entraste porque estaba él? Taté dice que nunca hay que levantar la mano a nadie, y menos a tu mujer. ¿Por qué papá lo hace entonces? ¿Haces que se ponga malo? A mí a veces me enfadas. Cuando me dices que soy un poco vaga y me gritas. Jopé mamá, no lo hago aposta. Yo quiero ser buena, como papá. Seguro que también él quiere ser bueno y no puede.
¿Significa eso que él es malo porque estás tú? ¿Y tú lloras porque él es malo contigo? Si es así, no podéis estar juntos ¿no? Yo sé que seguiré teniendo un papá y una mamá aunque en el cole digan que si no viven juntos no cuenta. Yo sé que sí. Mami, no llores... ¿He vuelto a decir algo malo? A veces me pasa, es sin querer. Papá también ha llorado alguna vez porque le he dicho cosas, serán cosas feas. ¿Sólo sé decir cosas feas, mamá? Nadie se ríe conmigo nunca, sólo papá. Y yo quiero que se rían. Cuando papá se ríe está diferente, le brillan los ojos. A nadie más le brillan cuando está conmigo. A ti tampoco, ni a taté.
Yo le quiero, pero a ti también. Y creo que contigo es malo y tú con él. Si sois buenos ¿Por qué sois malos entre vosotros?

Hija, tienes 7 años... Pero a veces me haces dudarlo. Papá te quiere, yo también. Y taté te va a cuidar. Te va a abrazar si te hace falta. Así que, papá se va. Y mamá te quiere.

— Tío también me quería y se fue sin decir nada. No me dio más besos ni me ayudó a soplar las velas. Y si papá se va, igual tampoco vuelve, como tío. Y tú te irás. Y taté dejará de abrazarme si me hace falta. Mamá, ya casi tengo 8 años. No soy una niña. Si papá se va para no volver dímelo; déjame despedirme como no pude con el abuelo y con tío.

Ya llegará lo del cementerio.

Doy gracias por diferenciar "gente" y "personas".
Por saber que tú eres del segundo grupo.

A pesar de que el invierno apriete fuerte
y de que la rabia a veces me invada más
que los sentimientos buenos.

Pero si te digo la verdad; la rabia es incluso bonita si es por nosotros.
Porque la rabia que siento es de no poder estar siempre contigo
de vivir rodeados de cosas que nos dan igual; de esfuerzos que no necesitaríamos.

No necesito trabajar o estudiar para vivir contigo
(desgraciadamente sí)
porque no quiero que el tiempo fuera de casa
se convierta en tiempo libre para escapar de nosotros.
Sino que el tiempo libre seamos nosotros.

Y lo siento si escribo como si fuese real que voy a llegar a casa
y me vas a esperar (o viceversa).
Porque a veces siento que es un sueño totalmente tangible.
Pero entonces la realidad atiza fuerte
y hay días que despierto y no estás.
Haciendo vida como si no estuvieses siempre en mi cabeza,
te juro que me siento una traidora.

Entonces recuerdo que la culpa no es tuya, ni mía.
Sino del opresor y del sistema
que no queremos y tenemos.
Y te sigo jurando: sé que algún día vamos a escapar.
Como si de Diógenes se tratase.
Porque si yo soy una náyade es porque tú eres el pozo que me escucha (tan bonito y a veces tan oscuro...)

Y te escribo porque a veces no sé decir
que si la rabia es por ti
puede ser más bonita
que los sentimientos más inocentes.

1 de febrero de 2015

(hay domingos bonitos...)

Quiero una casa llena de gotelé si es lo que hace falta para que no te vayas.
Miles de camisetas grandes si van a hacer que me veas más sexy
muchos paquetes de tabaco para fumar contigo
y aunque parezca que está lejos, yo toco casi con los dedos la casa con vistas a la montaña, y despertarnos juntos a las 3.

Si lo que va a hacer que no te vayas es que te rasque la barba y la nuca, si quieres, puedo hacerlo todos los días de mi vida,
y si no quieres también,
porque yo, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que te quedes conmigo.

Y si algún día dudas de ésto,
vuelve a leerlo.
Quiero que sepas que para mí, no hay otra persona que pueda hacerme más feliz,
por muy alto que sea,
por muy grandes y delgadas que tenga las manos,
por muy rubio que tenga el pelo y por mucho que tenga los ojos azules.
Que si tú quieres, puedes darme tu morenito todos los días de tu vida
y si no quieres también,
porque te lo voy a quitar.

Y me voy a encargar personalmente de que todas las mañanas tengas a la pelirroja
menos guapa de la ciudad,
a la que no es una camarera y no te pone tan bien los whiskies,
pero la que más agradece despertar y tenerte al lado.

Que quiero tener siempre los ojos muy verdes,
y desde luego no quiero que sea por culpa de otro.
Porque me gusta como hueles,
como sabes,
como tocas,
como lees,
como recitas,
como escribes,
como me cuidas (como nos cuidas...)
como me haces perder los nervios
y como te hago perder la paciencia.

Y si algún día estamos comprando cervezas sin alcohol en un supermercado
lo único que te pido es que digas "¡Basta!"
me lleves en brazos hasta el estante de los whiskies
y los compres todos.
Que pasemos por delante de una librería
y que compremos todos los libros que merezcan la pena.
Que le den por culo a la hipoteca que no quiero tener,
a la comida sana,
a los bares llenos de gente mediocre que no son capaces de entender,
que a nosotros, no nos hace falta ir todas las mañanas a demostrar que somos felices
porque nos gusta hacerlo en casa,
y te prometo que es lo que voy a intentar todos los días de mi vida.

Si tengo que dejarme el dinero,
la piel,
las ganas,
la boca
en algo, va a ser en intentar hacerte feliz.
Pero te voy a dejar estar triste,
te voy a dejar escribir cosas no tan buenas,
que me pidas espacio,
que te tomes tu tiempo para escoger lo que quieras,
que bebas una botella de whisky por semana
pero desde luego,
lo que no voy a dejar,
es que te vayas.

26 de enero de 2015

_

Tengo la suerte de saber con certeza lo que quiero y con quién.
Quiero que se olviden de nosotros y que sólo nos conozca el del estanco;
dejar de dormir con tu camiseta, porque huele a ti,
para dormir contigo, todas las noches de mi vida.
Romper (del todo) el cabecero de mi cama contigo,
o el mismo suelo,
o los pocos muebles que necesitemos en casa;
en definitiva,
querernos fuerte por cada rincón.
Y sobretodo, querer fuerte nuestros rincones.

Que mis cinco sentidos
conozcan al detalle cada uno de los tuyos
y sobretodo,
perder juntos la cabeza...

23 de enero de 2015

45 minutos y la ducha de después.

Los sueños están para no cumplirlos; para seguir soñando con ellos
mientras a otra mujer (que no lo deseaba tanto) la arrancan las bragas con la boca en un motel,
en su motel (el que estaban deseando que fuese su motel...).

Y mientras tanto; en su ventana se consumen los cigarros,
los que deberían estar consumiendo juntos después de mucho 
sexo
y sobretodo
mucha risa
muchas peleas por la manta
y muchas sonrisas sucias.

Mientras ella promete que él será el mejor
y él promete que ella será incondicional
mientras dejan correr el tiempo
hablando de cosas
no tan trascendentales
(para otros, joder, porque para ella todo lo relativo a él era trascendental).

Mientras otras parejas que no se quieren
están jurando quererse
(poniéndose los cuernos...)

Ellos están aguantando las ganas de ir a por tabaco
y siempre volver
de un colchón en el suelo
y de encerrarse en casa
para siempre.
De esperar a las siete y media 
como quien espera el primer café del día
para poder olvidar la mierda que corre fuera
y que parece,
que por un momento
desaparece
cuando están juntos.

Que mientras ahí fuera
están matándose sin ganas
allí dentro
separados
están buscando matarse
sólo para poder volver a verse
nacer
una y otra vez
en los brazos correctos.

Y otras chicas
ingenuas
están buscando hombres perfectos
sin heridas que arreglar
porque no saben
que lo más bonito que puede pasarlas 
es tener la suerte
de que alguien confíe un poquito en ellas
y deje en sus manos
no sólo su felicidad
sino que también,
la posibilidad de que dure más de 45 minutos.

Mientras todo esto pasa
ellos, están tragándose la rabia
como dos adolescentes
que no tienen dinero para más que un paquete de tabaco al mes.

Y que sólo por esto, supongo
que los sueños están para intentarlos
y no cumplirlos
a pesar de que nos duela
porque quizás
el día que se cumplan
él deje de confiar en ella
y ella deje de prometer que no habrá nadie más
(aunque si somos sinceros
no creo que eso pase,
porque ella no ve en nadie más las sonrisas sucias
y él — o eso desea ella  no cree que otra pueda convertir la felicidad en algo más
que un polvo de 45 minutos
y la ducha de después.)

21 de enero de 2015

Será verano e iremos al norte.

No sé qué gilipollez es esa de buscar personas que nos trasmitan calor.
Eso es para gente que no conoce el frío,
porque el frío no se va nunca,
ni si quiera con los sentimientos cálidos.
Y mira, que yo, no busco una persona que me haga olvidar que lo tengo,
sino que, forme parte de él,
que lo acepte,
que sepa que es de los dos,
(al menos si quiere formar parte de mí).

Porque lo bonito es
que te torture con el hielo
y no que juegue con fuego.

Lo que estoy buscando
no es una persona que se desnude conmigo
cuando hay 25 grados externos y 30 internos;
lo que estoy buscando
es una persona que permita
que pase las manos por su espalda
aunque fuera esté nevando
y dentro, haga el mismo frío
de siempre.

Y cuando la encuentre, podré decir:
"Era verano y fuimos al norte."
Y sólo entonces, me plantearé hacer planes de futuro
siempre hacia el norte,
mi lugar.

19 de enero de 2015

¿Dos soledades o ninguna? Dos soledades, un caos y mucha sangre.

Sé que ellas no te conocen realmente
porque prefieren arreglarte
a dejar que las rompas.
Con lo bonito que es
unas medias
unos labios
una espalda sangrando.

Ellas se centran en ordenar tu
precioso desorden,
mientras que yo,
sólo espero,
que también respetes el mío
Y tengamos dos desordenes,
un caos,
y una locura infinita.

Que yo, juego sucio,
pero tú,
juegas con fuego
y no sé porqué
la que se quema soy yo.

Y encima de quemarme,
acabo rota
y no solo las medias
ni los labios.
Acabo rota entera,
y tú, que prometiste no ser como con las demás
— porque yo no era como las demás 
me rompiste como a las demás.
Mentira,
a mí me destrozaste
porque yo te quería más.

13 de enero de 2015

Primero un hombre, después una mujer y un hombre, terminó en mujer

Jamás llegué a imaginar que habría sábanas que dijesen más que poemas enteros.
Siendo desde el principio, tú, el poema no escrito más bonito,
fuiste dejando rastro de ti en verso, con tus besos.

Qué es si no la literatura, más que un orgasmo continuado
en el que en tu mente, 
jadea un poquito más rápido
con cada palabra.

Tú no eras un orgasmo continuado,
eras muchos orgasmos en pocos minutos
pero continuamente. 
Y como la depresión en la que cae
un ninfomano
durante su abstinencia sexual
yo caí en tus redes.

Yo olvidé el poema que me sabía de memoria,
dejé de oírte recitar poesía
(cuando realmente, solo me mirabas)
y ahí fue, cuando vi la diferencia
entre un recuerdo
y entre UN RECUERDO.

Los recuerdos, los que no tienen que ver contigo,
con el tiempo,
con el mar,
con el verano que pasamos gritando
los clasifiqué como banales.

Sin embargo LOS RECUERDOS
huelen a mar
huelen a sexo y a cerveza,
huelen a la trascendencia del tiempo,
huelen a la mente oponiéndose a los límites del cuerpo y la física.
Y no sufren de clasificación. Porque se oponen a los límites.

Y olvidé lo banal.
Para dejar sitio a ese poema que empezaba a ser nuestra vida:

Que empezó con el orgasmo continuado,
de un hombre que me invitaba cada día a sus noches,
de un hombre que me compraba cerveza,
de un hombre que decidió hablar de mí
(porque me convirtió en su musa)
en cada grito de sus pupilas.

Que se siguió del orgasmo continuado,
de un hombre y una mujer jugando a saber de la vida,
de un hombre y una mujer que se prometieron dejar siempre la cama sin hacer,
las puertas cerradas,
y la mente y las piernas abiertas.

Que se terminó con el orgasmo continuado,
de una mujer totalmente sola en su cama,
producido al recordar el poema que escribió una vez
(que escribieron, perdón).

LOS RECUERDOS, los resumí en ese poema.
Lo recuerdos no están.
Lo siento.