'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

13 de enero de 2015

Primero un hombre, después una mujer y un hombre, terminó en mujer

Jamás llegué a imaginar que habría sábanas que dijesen más que poemas enteros.
Siendo desde el principio, tú, el poema no escrito más bonito,
fuiste dejando rastro de ti en verso, con tus besos.

Qué es si no la literatura, más que un orgasmo continuado
en el que en tu mente, 
jadea un poquito más rápido
con cada palabra.

Tú no eras un orgasmo continuado,
eras muchos orgasmos en pocos minutos
pero continuamente. 
Y como la depresión en la que cae
un ninfomano
durante su abstinencia sexual
yo caí en tus redes.

Yo olvidé el poema que me sabía de memoria,
dejé de oírte recitar poesía
(cuando realmente, solo me mirabas)
y ahí fue, cuando vi la diferencia
entre un recuerdo
y entre UN RECUERDO.

Los recuerdos, los que no tienen que ver contigo,
con el tiempo,
con el mar,
con el verano que pasamos gritando
los clasifiqué como banales.

Sin embargo LOS RECUERDOS
huelen a mar
huelen a sexo y a cerveza,
huelen a la trascendencia del tiempo,
huelen a la mente oponiéndose a los límites del cuerpo y la física.
Y no sufren de clasificación. Porque se oponen a los límites.

Y olvidé lo banal.
Para dejar sitio a ese poema que empezaba a ser nuestra vida:

Que empezó con el orgasmo continuado,
de un hombre que me invitaba cada día a sus noches,
de un hombre que me compraba cerveza,
de un hombre que decidió hablar de mí
(porque me convirtió en su musa)
en cada grito de sus pupilas.

Que se siguió del orgasmo continuado,
de un hombre y una mujer jugando a saber de la vida,
de un hombre y una mujer que se prometieron dejar siempre la cama sin hacer,
las puertas cerradas,
y la mente y las piernas abiertas.

Que se terminó con el orgasmo continuado,
de una mujer totalmente sola en su cama,
producido al recordar el poema que escribió una vez
(que escribieron, perdón).

LOS RECUERDOS, los resumí en ese poema.
Lo recuerdos no están.
Lo siento.

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