'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

22 de febrero de 2015

Cuando París se fundió para nosotros.

Luces tenues, menos que mi alma, alumbraban París la noche que se apagó, la noche en la que para mí, se fundieron la Luna y las estrellas para siempre.
Juro que no llovía, pero también juro que llegué empapado. Había tantos sitios por los que podía sangrar; mis ojos, mi alma, mi corazón... Pero no era yo quien me mojaba. Eras tú.
Tantas veces afirmé que eras parte de mí, que llegaste a serlo. Por eso mi alma se empapa sin ti. Por eso veo las luces apagadas donde, está brillando la Torre Eiffel.
La Rue de Rennes no estaba siendo transitada aquella noche, solo tú y yo bailábamos bajo la lluvia que no caía.
Estoy seguro de que París nos envidiaba, a pesar de apagarse aquella noche y de llover sólo para nosotros.
Locos, tristes y melancólicos — porque las malas costumbres tampoco cambian — bailábamos bajo la no-Luna.
Un vals sin música y sin acompañante, sólo nosotros podíamos hacerlo. Éste se había convertido en cosa de uno a ojos de la poca gente que transitaba nuestra calle, porque yo, a pesar de no bailar solo, no lo hacía contigo, si no con tu alma (y por suerte, nadie más era capaz de verla).
Como cada noche desde que no estás. 
Como cada noche en la que, París, se funde para mí.

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