'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

17 de mayo de 2015

Domingo con tono a California Dreamin'

Cuando las uñas esperan la piel
como las sábanas al amor,
los pijamas de cuadros de los domingos,
a los pies desnudos por el suelo marcando un par de pasos
arrítmicos.

En el coche sonando las canciones más míticas de la historia del rock
y unas cuantas notas mal entonadas por nosotros,
destrozando los oídos de cualquier entendido musical.

El sol traspasándonos la piel y haciendo que brillen
aún más las sonrisas,
los cigarros acompañando la música que poníamos de fondo,
el verano recordándonos que a veces
los inviernos son sólo internos.

La comida basura y un chorrito de alcohol en esa coca-cola
como reclamo a nuestros pocos años vividos,
e insistiendo en que aún somos demasiado jóvenes.

Los tragos de cerveza robados a la puerta de algún bar en el que
el alcohol es demasiado barato
como para preocuparnos de lo malo que es.

La luna recomendándonos que nos volvamos lobos cada noche
y las estrellas indicando los caminos ideales por donde escaparse.

Jodiendo los amortiguadores del coche y su puta tapicería
para demostrarnos a nosotros mismos que nos queremos más
que a todo lo material.

Las botellas de agua siempre a mano por si,
quizás, nos da por arrancarnos la ropa
en cualquier sitio poco discreto y acabamos exhaustos.

Olvidando a todas las personas pasadas de nuestra antigua vida,
como quien habla de una mala enfermedad de la que
apenas tienes un vago recuerdo.

Alguna que otra frase no muy deseada susurrada en mis oídos:
"A ver cuando empiezas a escuchar rock de verdad."

Incluso discusiones en las que perdíamos la fe de querernos
pero por eso mismo sé que vivimos
algo más que un romance de jóvenes,
porque perdemos la fe de querernos cada semana
pero nos empeñamos en buscarla (con resultado) cada día.

6 de mayo de 2015

Hueles como el hogar.

Te quiero.
Soy vulgar y banal; ya lo sé.
Pero tengo miedo de que no me creas,
de que huyas de este desastre recompuesto,
que cada día se reafirma
en que te quiere.

Te quiero.
Incluso a tu parte mala,
a los gritos y a las malas contestaciones,
a los miedos.
Incluso a tu parte a la que no le gusto,
al odio y las contradicciones,
a los momentos tristes.

Pero por lo que más te quiero,
es por las risas, el café,
las mantas, el tabaco,
las conversaciones triviales,
las conversaciones trascendentales,
por el gotelé, por la comida,
por el sexo apresurado y por el duro,
por los viajes,
por los planes,
por la vida contigo
y el miedo a la vida
sin ti.


Por el olor a hogar,
por los mordiscos en el moflete,
por las cosas nuevas
y sobre todo
por las cosas conjuntas.

Te quiero.
Y por eso quiero que lo sepa todo el mundo;
porque la felicidad es para compartirla
— en su justa medida, tú eres para mí. 


Y por si dudas...

Te quiero más que a estas palabras mal escritas.

Sin remite.

Entonces lo vi, en el buzón ya no estaba tu nombre y los cajones de casa ahora apenas tenían mi ropa interior (alguna que otra cosa sin estrenar) y un montón de cartas tristes que estaba a punto de dejarte en la mesita cuando yo no estuviera. Pero no cartas tristes de despedida, sino sobre todo lo que me dolía quererte cuando no estabas. Por casa ahora sólo suena un poco de indie triste y ya nada de rock duro que utilizábamos para escaparnos del mundo cuando ya no podíamos más. Las sábanas, joder, las sábanas, seguían oliendo a ti desde kilómetros. No sé cómo decirlo, la gente decía que no olía a nada, que la casa tenía el mismo aroma de siempre, a café (mal hecho, ya sabes, nunca fue mi punto fuerte), pero yo lo notaba. Llegaba y solo había un poco de soledad, indie triste, y tu olor en las sábanas. Un montón de estanterías desordenadas, que apresuradamente habías recogido para marcharte antes de que yo llegara. No podría explicarte cómo me sentí en ese momento, pero no fue bien. Me quitaste la vida en ese suspiro:
— ¿Las cosas están bien?
Y no respondiste. Simplemente ese corto suspiro que a mí me duro como 3 inviernos, con amargo sabor a melancolía, a "me gustaría decirte que sí, porque te quiero, pero... No"
Me gustaba escribir las cartas sin remite, porque tu dirección era la misma que la mía, y con tan sólo dejarlo en tu mesita, en tu lado de la cama, o quizás, justo en la estantería al lado del queso, la encontrarías al minuto. No me hacía falta llamarte, ni sorprenderte en el portal, porque era el mismo. Pero joder, las cosas estaban cambiando, y notaba que tu mirada de "Sólo te quiero a ti" estaba cambiando por "Te quiero, pero también me respeto, así que me voy."
Y me negué a aceptarlo durante todas esas semanas en las que me gritabas y me avisabas: "Se va a acabar, me voy a ir." Y yo, como buena niña que soy, no barajaba entre mis opciones el discutirlo, sino el callarte a besos y terminar en la cama, con esas listas de rock que tanto te gustan, para que no volvieses a decirlo.
Pero, no podía controlar lo que pasaba por tu cabeza cuando tenías la boca vacía de mí, de sueños. Así que seguías decidiendo que te ibas a ir, mientras yo seguía escribiendo cartas, y más cartas, que acumulaba en el cajón, al lado de la ropa interior sin estrenar.
Te juro que todavía pienso que es una broma y mañana cuando me despierte voy a ver tu nombre en el buzón, los vinilos por el suelo, la casa hecha un puto desastre, el aroma a sexo, a whisky, a plástico, a rock, a desorden, a café bien hecho y a amor. Tu olor por toda la casa y no sólo en las sábanas. Voy a tener puesta tu camiseta, mis bragas favoritas y todo esto mientras llueve fuera.
Pero no es así, te has ido del todo, no lo asumo del todo; voy a comprar vinilos, a empezar a escuchar esa música que no me gustaba, me voy a comprar un coche, voy a comer comida basura, y voy a imaginarme todo como si estuvieras aquí. También voy a comprar calzoncillos como los que a ti te gustan, y los voy a dejar todas las mañanas tirados alrededor de la ducha, para creer que aún estás, pero desgraciadamente, voy a tumbarme en el sofá a leer o quizás a no hacer nada, y no te voy a tener dándome el puto coñazo con tus dudas sobre qué ver esa noche.