'nulla vita sine musica'


hacer del caos un arte

11 de agosto de 2015

Habitación 76. ¿California?

Habitación 76 de un motel de mala muerte. 
Nos daba igual, tenía cama, ducha y minibar. Tocadiscos y una luz de neón que hacía que fuese aún más cutre. Nos gustaba, estábamos nosotros. Canciones que definíamos como "nuestras" y una cama con los muelles a punto de salir volando del colchón. Lamparita con lava que sube y baja. Tu whisky y mi vino. Mi comida dulce y tu comida salada. Mi ropa interior tan de mala muerte como el motel y tus calzoncillos bordados, yo que sé, en seda. Las sábanas con tacto raso que a tu lado me parecían putas nubes. El sexo dados de la mano y el sexo usando las manos de maneras menos correctas políticamente. Tú ayudándome a vomitar después de haber terminado la puta botella, como siempre. Tú borracho y melancólico. Paquete de Marlboro y paquete de Winston haciéndose compañía (no sé para qué llevo mi paquete si sólo fumo del tuyo). Pantalones vaqueros con cinto y leggins negros. Camisas de cuadros y jerséis grises. Todo en el suelo. Muchísimo humo. Mecheros sin gas. Olor a látex y sobre todo a amor (también a sexo, alcohol y tabaco). 
Vamos a ducharnos, escojo yo la música:
Venga va, te robo a un mítico, ponemos Johnny Cash ¿O nos ponemos románticos y escuchamos jazz? Venga va, La viè en rose, Louis Armstrong. Me apetece jugar un poco, pon Extremo.
O Seven nation army.
O Rape me.
O ponme otro vaso de vino.
O ponme en la cama y ciérrame los ojos, que estoy demasiado borracha y tú demasiado melancólico...

Vaya locura sería irnos a un motel de mala muerte, podría pasar todo lo que yo quiero que pase, imagínate...

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